2 abr 2012

Una Semana Santa llena de Piedad


Yo poco voy a misa. De hecho, dejé de ir desde que me puse a pensar en lo que hacían los curas en el confesionario cuando escuchaban a las pecadoras. No me imagino las penitencias. Dejé de rezar desde hace rato también porque arrodillarse para pedir favores es lambonear y si hay que agradecer algo por vivir, hay que hacerlo aportando en algo a la humanidad. Es cierto, no hago más que escribir... y eso no es que aporte mucho a decir verdad, pero por lo menos sí es algo más elaborado que repetir una retahíla que parece más un vitoreo en pro de algún dictador que una oración o un rezo. ¡Que viva la democracia religiosa maestro!


En lo que sí estoy de acuerdo es en que la religión se convierta en la excusa para descansar, algo que también le favorece a la iglesia sin duda. La Semana Santa ha llegado para salvarnos de la monotonía del santo sacramento de trabajar, si es que eso es un sacramento, aunque personalmente no lo creo. Gracias a la muerte de Jesucristo tenemos dos días festivos, jueves y viernes casualmente, que mezclados con sábado, domingo, un buen viaje a la costa y un trago bien tropical deriva casi que inevitablemente en el milagro santísimo de la vida que desencadena en maravillas tan católicas como futuros bautizos, matrimonios y hasta funerales. Y es que muchos que disfrutan en Semana Santa terminan es padeciendo luego de 9 meses o hasta menos; desde luego es en ese momento en el que comienzan a creer: “ay Dios mío dame paciencia con este niño” dicen algunos. Si eso no le conviene a la iglesia, no sé qué es lo que esperen pues...

Pero, más allá del alboroto de las siete palabras (para llevar a una mujer a a cama), del lavatorio de pies (en una piscina de Girardot) o en la resurrección del señor (en muchos casos con el mozo o la moza y no con el esposo o la  esposa), la Semana Santa de este año tiene una particularidad en el país: muchos de nuestros compatriotas claman por Piedad para que por ella liberen a sus familiares secuestrados. Lo curioso es que muchos otros, mientras tanto, no quieren más Piedad porque están mamados de que semejante figura haga parte del panorama nacional cada que se habla de guerrilla y de secuestro. Pero, ¿qué pasaría si se cumple ese segundo clamor? ¿Qué pasaría si la Piedad desaparece de esos actos humanitarios de los cuales los colombianos estamos tan pendientes? Pensemos por un momento en el tema.

Por lo menos yo estaría casi seguro de que la Piedad no haría parte de la guerrilla. Creo que muchos están de acuerdo conmigo en pensar que ellos no la tienen ni la van a tener, así algunos crean erróneamente que ya es un elemento integrado a esas fuerzas subversivas. Basta con ver lo que la guerrilla ha hecho con los campesinos, con los niños y con los humildes habitantes rurales del país para darse cuenta de que la piedad no está en ninguno de sus actos violentos.

Yo contemplaría la posibilidad de que la Piedad se pudiera marchar hacia las toldas de los periodistas que emiten juicios sin ella, de esos que critican sin piedad toda decisión u omisión de los principales personajes de la opinión pública colombiana. Podría suceder que los periodistas terminen reconsiderando su condición y acepten a la Piedad como una más de sus miembros al lado de la Salud (con mayúscula), del dinero (los periodistas también comen) y del amor (no confundir con intereses políticos). Sin embargo, y teniendo en cuenta de que en la historia colombiana han venido asesinando, censurando y atacando a muchos periodistas sin piedad, yo estaría descartando la posibilidad de que vuelva si no la tienen en cuenta ni para eso. Definitivamente la Piedad es muy discriminada en el periodismo.

Pero también podría suceder que la Piedad regrese a la política. No me atrevería a decir que la Piedad nunca estuvo en el Congreso, por lo menos uno la veía rondar por ahí de vez en cuando. Una piedad liberal, eso sí. La Piedad se hizo notar hasta que la destituyeron como a cualquier valor que entra allá y queda desterrado casi que de inmediato. Pero, convengamos algo: si hay conservadores, hay liberales, hay alternativos, uno que otro que mira, algunos que promulgan la unidad, otros que hacen cambios radicales (sí claro), algunos viejos verdes, otros tantos que solo se la pasan dando el pin y otros embobados peleando con caballos de polo, ¿por qué no puede volver la Piedad al Congreso?

Está claro que nuestra Semana de pasión también será de piedad. Tenemos que pedirle a ese Dios, que a mi parecer no es muy democrático, que nos dé fortaleza (a unos más que a otros) para aceptar a la Piedad dentro de nosotros durante este puente de entrega y el tiempo que quede de aquí para allá, porque mientras haya guerrilla, habrá gente que haga un llamado a la Piedad. Como consejo solo les digo que procuren mantener las costumbres religiosas durante esta semana, recuerden que hay que comer sardina y pollo, porque la carne es débil en estas épocas.