Mi trabajo ha tomado fuerza durante los últimos años y muchos nos vieron como la solución a muchos problemas de sus vidas. A lo largo de la historia nuestro oficio le ha servido a niños, jóvenes, adultos, empresarios,diseñadores,administradores, estudiantes, publicistas, políticos y cientos de miles de millones de personas que alrededor del mundo acuden a nosotros porque nuestra profesión así lo amerita. Desde que crearon este oficio nuestra utilidad ha sido tan trascendental que incluso algunos ya no pueden vivir sin acudir a nuestros servicios. Pero muy pocos han pensado en la crisis que se nos avecina por cuenta de la Ley Lleras 2.0.
Tengo miedo de terminar en la calle pidiendo limosna ahora que la Ley Lleras 2.0 prohíbe que los usuarios accedan a contenidos con derechos de autor que no han sido autorizados previamente y que por ello nosotros dejemos de recibir trabajos que tenían que ver con la reproducción de las obras. Tengo miedo de que terminemos abandonados como muchos aquellos a los que se los comerá el TLC con Estados Unidos, porque por lo menos en Colombia, copiar contenidos con derechos de autor sin permiso, será penalizado a partir de ahora.
No soy ni diseñador ni litógrafo ni nada que se le parezca, aunque respeto todas esas profesiones. Hoy, ellos también acuden a nosotros, a los que ejercemos este particular oficio, y me asombra que ni siquiera ellos piensen en nosotros en estos momentos difíciles.
Y no somos piratas aunque nos quieran ver como ellos. A los que se rebuscan el dinero los respetamos y sí, claro, les ayudamos a veces en exceso, pero nosotros solo cumplimos con nuestra labor, ellos se encargan de comercializar lo que nos han solicitado.
Tampoco tenemos nada que ver con el negocio de Internet, ni más faltaba. Nosotros existimos mucho antes que ese negocio, y aunque en ocasiones se nota el abuso por su parte de nuestros servicios, yo no guardo rencor alguno.
Desde el martes he pensando seriamente en el suicidio. Ustedes no se imaginan lo difícil que ha sido durante todo este tiempo trabajar bajo presión, ser blanco de señalamientos, víctima de la ira de nuestros usuarios, la poca valoración de nuestra labor que se convirtió en cotidiana y el desgaste al que nos vemos sometidos por las constantes exigencias; para que ahora nos prohíban ejercer nuestra labor casi que completamente por culpa de esa Ley hecha para satisfacer a Estados Unidos, el país donde irónicamente se creó formalmente nuestro oficio.
No obstante, estoy por creer que Germán Vargas Lleras y Juan Manuel Santos están favoreciendo intereses más allá de los de Estados Unidos. Aunque prefiero no dar nombres, estoy seguro que esos señores X están detrás de todo esto, porque nuestra labor ha diezmado la de ellos y en definitiva, ahora con la aprobación de esta ley, contarán con muchas más oportunidades que nosotros.
Me han cortado las piernas, han acabado con mi oficio. Ahora tendré que ocuparme, como muchos colombianos a los que les afecta el negocito por intereses mayores, en la labor del rebusque vendiendo artículos chinos, ayudándole a los pegoteros o uniéndome a los cortadores, aunque eso signifique renunciar a mi orgullo. Nosotros también queremos vivir y vivimos para copiar; pero ahora con esto, en Colombia, no sabemos qué podrá pasar. Les dejo la inquietud.
Atentamente
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